"Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario." ( Ernesto Ché Guevara)

dimecres, 7 d’abril de 2010

El partido de Evo ganó, pero no pudo ampliar su poder como esperaba

Pablo Stefanoni

El partido de Evo Morales se impuso ayer en cinco de las nueve gobernaciones de Bolivia, según los primeros conteos rápidos. Y aunque el país andino está lejos de quedar pintado de azul, el color del oficialismo, se confirmó que el Movimiento al Socialismo (MAS) sigue siendo el único partido nacional.

Según los datos a boca de urna que se tomaban ayer aquí como una tendencia definida, el MAS triunfaba con amplitud en sus bastiones: ganó la gobernación de La Paz aunque con menos de lo esperado (no llegaba al 50%), se quedó con Chuquisaca y arrasó en Potosí, Oruro y Cochabamba con alrededor del 60%. Pero, pese a la activa participación del presidente boliviano en la campaña electoral, la fragmentada oposición logró retener las principales regiones autonomistas del oriente del país, incluso donde Evo Morales se impuso en las presidenciales del 6 de diciembre pasado. Rubén Costas era reelecto en Santa Cruz con más del 50%, Mario Cossío lograba quedarse en la gobernación del sureño departamento de Tarija, sede de casi todo el gas que tiene Bolivia, y el conservador Ernesto Suárez se impuso a la ex Miss Bolivia Jessica Jordan en Beni.

En el amazónico Pando oficialismo y oposición peleaban cabeza a cabeza esta gobernación intervenida por el Gobierno después de la "masacre del 11 de septiembre" de 2008 cuando ocupó militarmente esa aislada región del extremo norte.

Pero fue la elección de alcaldes la que dejó un sabor amargo al oficialismo: aunque se imponía en numerosas alcaldías rurales, de las nueve ciudades capitales el MAS sólo ganaba una, según conteos rápidos: Cobija, la capital de Pando. Perdía en Santa Cruz de la Sierra, Tarija, Trinidad (Beni), Potosí, Sucre. Y empataba en la estratégica Cochabamba y en Oruro.

En tal sentido, fue la alcaldía de La Paz la derrota más dolorosa para el oficialismo, en su principal bastión. Con una particularidad: en esta ciudad sede de Gobierno la pelea no fue contra la derecha sino con el Movimiento sin Miedo, aliado hasta hace poco del Gobierno. Luego de la ruptura, el MAS llenó de insultos a esta fuerza de centroizquierda, llamando a los "sin miedo" traidores y neoliberales. El propio Evo Morales salió a la palestra para imponer su influencia y subir a su candidata Ely Salguero, pero no alcanzó. Y ayer nacía una inédita oposición de izquierda moderada.

En la combativa y simbólica ciudad de El Alto tampoco fue cartón lleno. Se impuso el cuestionado dirigente de la Central Obrera Regional Edgar Patana con alrededor algo más del 40% (muy lejos del 90% conseguido por Evo en 2009) y sin mayoría en el concejo municipal. Allí sorprendió la votación de la desconocida Soledad Chapetón -"La Sole", de 29 años- postulante por Unidad Nacional (centro), cuyo voto de casi el 30% fue un fuerte rechazo a los caciques sindicales que controlan esta urbe plebeya de un millón de habitantes.

Para el politólogo cruceño Roger Tuero, "no hay una oposición política, hay muchas oposiciones regionales". Y eso se notó en la moderación del ampliamente reelecto alcalde de Santa Cruz de la Sierra. "Confío en que el Presidente es una buena persona, que quiere que el país se reacomode", declaró Percy Fernández, pese a la euforia.

Los datos oficiales de la elección serán conocidos hoy, lunes.

Los límites del oficialismo

Los resultados de ayer en las regionales bolivianas fueron agridulces para el oficialismo. La anhelada expansión hacia el oriente del país no logró los resultados esperados y la debilitada oposición logró conservar varios de sus reductos. Así, si en la arena nacional la hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS) es absoluta -controla sin fisuras ambas cámaras del Congreso-, en el nivel territorial el Poder Ejecutivo deberá convivir con derechas regionalizadas pero irreductibles, incluso donde, como en Tarija, Evo ganó en diciembre. Todo ello pese a las alianzas que el Gobierno hizo con sectores de las élites locales, como en Santa Cruz, donde para alcalde postuló a un empresario populista, hijo de un fallecido magnate de la cerveza.

Se ratifica así la tradicional dificultad del MAS para encontrar buenos candidatos. A diferencia del PT de Brasil, el partido de Evo nunca construyó su legitimidad en base a buenas gestiones locales. El arrollador liderazgo de Evo Morales no logró levantar a muchos candidatos cuestionados, grises o "impuestos a dedo". El deslucido triunfo en la gobernación de La Paz, principal bastión del evismo, es un ejemplo de ello.

A esto se sumó el costo de una desgastante -y para muchos de sus adherentes, inútil- pelea con el Movimiento sin Miedo, del alcalde paceño de La Paz, Juan del Granado. Insultos gubernamentales arrojaron a sus ex aliados a la oposición, que ayer le arrebató al MAS la principal alcaldía del país. Y daban nacimiento a una nueva oposición de izquierda moderada en el más duro bastión oficialista.

Con todo, eso no acredita el optimismo de algunos analistas opositores sobre la reconstrucción de la media luna autonomista. A diferencia del escenario previo a 2008, nadie duda de las falencias de la derecha para salir de sus trincheras y construir una fuerza nacional. Y el escenario abierto ayer no habilita pronósticos optimistas en ese sentido. Ni los analistas más críticos dudan de que Evo Morales sigue muy cómodo en su sillón.